Marichú, Bailaora
Escrito por vicente   
Monday, 23 de March de 2009
ImageMarichú, como la conoce todo el mundo, es una mujer unida al baile. A pesar de que  los tiempos no le acompañaron cuando era pequeña, no abandonó por completó su vocación y, aunque  todavía participa en representaciones teatrales y eventos diversos, decidió cambiar el escenario por el aula. Ahora más de cien alumnos se aprovechan cada año de ese giro del destino. En su academia – Escuela de baile 'Marichú', ubicada en la calle Pablo Picasso, Granada- imparte clases de danza clásica, baile regional, español y flamenco. También ayuda a dar los primeros pasos en este arte a las alumnas de Nuestra Señora del Rosario. De su mano han comenzado artistas como Manolo Liñán y Rocio Montoya.
  
  
Biografía.

 

María Jesús (28 de mayo de 1959, Granada) nació con el don del talento pero lo hizo demasiado pronto. Era el año en el que Fidel Castro ascendía a la presidencia de Cuba y Franco inauguraba el Valle de los Caídos. España estaba cambiando, pero sin prisas. Ser bailarína o cantante suponía un largo proceso de sacrificios físicos y sociales antes de alcanzar la fama. La mayoría de los padres no querían que sus hijas se viesen inmersas en ese tipo de vida, que a menudo se confundía con la moral laxa de los cabaret. Ella empezó con tres años, y a los seis participó en un programa de televisión, el Club Mediodía de TVE.

            El programa Club Mediodía se emitía los domingos sobre la una y media, inmediatamente antes de que comenzara 'El perfil de la semana' y el Telediario. La audiencia de esos años en los que no se podía escoger la cadena de televisión no puede compararse a la de ningún contenido actual. Las cámaras solo se tenían ojos para ella mientras cantaba en el plató, con su mantón y su cola, 'La petenera'. Todo vaticinaba un éxito prematuro, una carreta talentosa. Pero las cosas se torcieron en seguida. Cuando Marichú era un poco más mayor, regresó con su padre a la capital, el único sitio donde entonces un artista podía fabricarse un nombre conocido. Allí hablaron con su tío y sus palabras les desanimaron por completo: “No me gusta esto para la niña, porque después de bailar hay que alternar”, les explico. Su padre lloraba, de vuelta a Granada.

            Marichú no quería abandonar el baile por nada del mundo. Es fácil confundir el arte con la fama, la calidad de un trabajo bien hecho con el rédito de éxito que produzca. Pero la verdadera vocación se transforma en oficio y no se abandona por muchos contratiempos a los que sea preciso enfrentarse. María Jesús tuvo que aceptar las cosas como eran.

            Cuando estaba de nuevo en la ciudad que la vio nacer y en la que todavía permanece, volvió a los comienzos y la casualidad, o el destino, le ofreció una oportunidad de ganarse la vida acompañando con su cuerpo la música. La profesora de baile de su colegio, El Santo Domingo, donde ella había dado los primeros pasos estaba al borde la jubilación. Las monjas, que aún recordaban el talento de María Jesús, decidieron invitarla a quedarse con el puesto. Lo bueno del talento es que brilla allí donde exista, ya sea frente a un público incontable o ante la reducida presencia de una clase. Con su vocación intacta pero reconvertida, Marichú se abrió paso como profesora. Él éxito que obtuvo como profesora le llevó a abrir su propia academia, la primera registrada en el Ayuntamiento de Granada.

            El arte que ella adquirió de forma innata ha perdurado a través de las generaciones. Actualmente su hija le ayuda a preparar las clases de baile clásico y danza, mientras que Marichú se centra en el baile regional, español y flamenco, su auténtica especialidad. Apenas tiene tiempo para subir al escenario pero cuando puede colabora diseñando las coreografías de algunas representaciones, como Mariana Pineda, o los bailes que acompañan en escena a sus amigas cantantes, como los que interpretaban las bailarinas en el concierto del disco “Entre tierras y cantares” de Inmaculada Rejón.

            Su mayor orgullo es realizar bien su trabajo, aportar a sus alumnos la misma ilusión y parecida técnica que ella recibió de su primera profesora, María Luisa Romero. Porque como Marichú dice, ella ha bailado con artistas importantes de los que ha prendido mucho, Mario Maya entre otros, pero los comienzos, aunque no luzcan tanto, son la esencia: es en ese momento cuando aprendes los elementos más básicos del baile y te empapas de ilusión.

            Ahora, como ha sido frecuente a lo largo de su vida, tiene claro lo que hace y lo que quiere hacer: seguir bailando. A veces ha tenido que hacer frente a nuevas dificultades, propias de estos nuevos tiempos que, irónicamente, no son buenos para los profesores. Ella cuenta como una de sus amigas tuvo que dejar la enseñanza por las presiones de los padres. Pero Marichú es una mujer de carácter. La misma disciplina y rigor que exige a sus alumnas - “Aquí no vienen a jugar”, asegura- la aplica a las desavenencias de su trabajo. Y en última instancia siempre tiene una máxima que puede emplear con derecho propio: “¡Que me quiten lo bailao!”.

 

Modificado el ( Monday, 23 de March de 2009 )